UN CRIMEN QUE SIGUE IMPUNE

Víctor Hugo Olivera Rodríguez tenía 19 años, era jugador del Club Progreso desde las formativas, terminaba sus estudios secundarios en el Liceo Nocturno cuando pasada la madrugada de un frío 12 de junio del año 1999, alguien lo fue a buscar a su domicilio en Barrio La Palma, para después ser encontrado sin vida tras una fuerte helada matinal con tres disparos en su cuerpo, doce veces se cambió el almanaque desde entonces y el crimen sigue impune.

Américo Matilde Olivera Fontes, es un vecino más del Barrio La Palma, tiene 64 años, está casado con Raquel Rodríguez, y ahora tiene tres hijos y una nieta. Trabajó más de 39 años en los Ferrocarriles del Estado y se jubiló. Es una persona humilde, agradable para conversar, es decir un vecino más, habitante de un barrio tacuaremboense. Pero desde un 12 de junio de 1999 su vida cambió y también la de su familia, “ese día justo yo estaba trabajando en el departamento de Rivera y regresaba, venía escuchando deportes en la radio, el vicio que tengo es escuchar la radio, cuando dio la noticia. Cuando yo salí de casa, él no estaba durmiendo que fue lo que me llamó la atención. Cuando me bajé del ómnibus me vine, me encontré con un amigo que me avisó, luego en el Bar de Marino y cuando llegué a casa estaban todos los vecinos”, su hijo Víctor Hugo, un joven de 19 años había aparecido muerto en el Parque Batlle, asesinado. Nunca se descubrió quien lo mató o quienes lo mataron.

Su familia y sus amigos esperan hace 12 años una respuesta…, pero esta no aparece. Por ahora es nada más que un voluminoso expediente judicial de casi 900 folios, caratulado “Olivera Rodríguez, Víctor Hugo – Su muerte” ficha PIUE 395 – 10240/1999.

Víctor Hugo “era macanudo, una persona muy bien….”, nos dice Américo entre lágrimas; “era un joven muy prolijo en su vida, no solamente como jugador de fútbol sino como persona era muy buen compañero”, comentó en una entrevista anterior a esta revista Tabaré Albernaz, presidente del Club Progreso, institución donde jugaba Víctor Hugo “desde niño”.

En la edición de junio de 2009 TACUAREMBO 2000, informaba, en base a un documento ministerial sobre el caso, diciendo que “de acuerdo a documentos oficiales del Ministerio del Interior del resultado pericial derivó que los disparos procedieron de un arma de fuego calibre 22, posiblemente marca Galand, Doberman o Pasper. Tres disparos impactaron en el cuerpo de la víctima, uno en el oído derecho, otro en la mano derecha con roce en la cabeza y un disparo mortal en la espalda omóplato derecho”.

Don Olivera jamás había pensado que a un hijo suyo le iba a pasar un hecho de esas características, “no nunca en la vida, además siempre detesté la violencia. Uno puede pensar cualquier cosa, menos eso”.

Tanto él como su familia son escépticos respecto a que se descubra al culpable o los culpables, y en su dolor de padre entiende que “prácticamente, todas las autoridades, desde el primer momento, no hay voluntad de nada” y afirma “aquí ha varios metidos…” Aunque han denunciado a una persona de Tacuarembó como actor intelectual del hecho “él fue que mandó a matar a tu gurí” le habían dicho una vez, pero la justicia no encontró pruebas.

En esta docena de años al padre de Víctor Hugo Olivera le han sucedido y le han llegado diversos elementos en la búsqueda de esclarecer la tragedia que vive su familia desde aquel fatídico 12 de junio de 1999, pero él insiste en su disconformidad en el manejo de la investigación.

En la edición de octubre de 2006, TACUAREMBO 2000, titulaba en su artículo central “Ni la justicia ni la policía logran dar con el asesino” e informaba de las palabras de la edila nacionalista María Elida Grela, “que el 14 de julio pasado, desde una sesión de la Junta Departamental alzó su voz para reclamar también por respuestas pero por sobre todo, por alguna información oficial sobre lo actuado de modo de desvirtuar trascendidos, ‘que tienen más de engaño que de otra cosa’. Su pedido llegó hasta las autoridades nacionales, y el propio ministro del Interior (José Díaz) intervino en el tema, así como la Suprema Corte de Justicia, que solicitó una información al (entonces) Juez Letrado Dr. Daniel Erserguer y respaldó la actuado hasta ahora”. La respuesta oficial del Ministerio del Interior, en un documento firmado por el propio titular, Dr. José Díaz, subraya al final que “de todo lo expresado se desprende el esfuerzo que este Ministerio, a través de distintas dependencias ha hecho y actualmente realiza en la búsqueda de las pruebas necesarias que permitan el procesamiento y posterior condena del y/o los responsables del homicidio” mientras que el máximo organismo de la Justicia de nuestro país, respondía que “surge de lo actuado en los presentes que, pese al tiempo transcurrido, la Justicia sigue trabajando en el presumario en curso, y que la falta de individualización del o los autores del hecho no es imputable al actuar de la Sede, ni de la autoridad policial, no pudiéndose lograr hasta el presente, las probanzas necesarias para obtener la semiplena prueba requerida para decretar enjuiciamientos”. Estos textos están fechados en setiembre de 2005, hace casi 6 años de los mismos, y la situación continúa incambiada.

Raquel Rodríguez, la madre de Víctor Hugo, decía a esta revista en 2009 sobre el procedimiento llevado a cabo inmediatamente de cometido el crimen “fue horrible, mal hecho (…) fue un mamarracho. No respetaron nada, hay fotos en el expediente de pies de gente que no tenía que haber estado allí (…) la ropa de Víctor Hugo no podía haber ido junto con Víctor Hugo. Yo le pregunté al Juez que estaba, si le habían sacado restos de las uñas y él me contestó que no porque no habían medios. Víctor Hugo tenía que haber luchado con alguien”.

Preguntamos al abogado de la familia Olivera Rodríguez, Dr. Fernando Saralegui, en que situación está el caso hoy, quien respondió: “hoy el expediente se encuentra archivado ya perdió el secreto de presumario, por lo tanto yo lo he podido sacar y mirar todo. Lo ví ya en una oportunidad, es un expediente muy voluminoso, pedimos como denunciante varios medios de prueba, lo cuales se hicieron todos, y no han surgido elementos que permitan ir a hacia una dirección. Hay muchas investigaciones, muchas investigaciones cruzadas dentro del expediente, pero no hay ningún elemento, no hay nada. Simplemente, a veces, comentarios que surgen en la opinión pública, pero nada más que eso.”

La sociedad tacuaremboense espera una respuesta, las autoridades no olvidaron el caso y para Américo y Raquel “cuando llegan estas fechas, son tremendas, son dolorosas porque uno empieza a recordar y a recorrer los últimos días de Víctor Hugo, entonces es muy difícil”. Hoy su hijo tendría 30 años.

Pero, como le dijo un policía a esta revista, “mientras la prensa hable, el asesino estará nervioso”

¿Américo, en estos 12 años cuántas veces le vino a la mente lo acontecido con su muchacho?

Permanentemente… Es difícil de olvidar eso, está de continuo. A nosotros nos destrozaron.

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