EL ARQUETIPO DEL DICTADOR: Gaspar Rodríguez de Francia y Rafael Leónidas Trujillo / Por Rosario da Cunha (*)

Han pasado 43 años de la muerte de Salvador Allende en Chile y es un recordatorio de las atrocidades de la dictadura que sobrevino después, una sombra que se proyecta hasta nuestros días. Decía Marco Tulio Cicerón que: «Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla». Entonces hay que recordar para evitar por todos los medios que vuelva a aparecer el flagelo de la dictadura. O en palabras del propio Allende: «Los hombres y pueblos sin memoria, de nada sirven; ya que ellos no saben rendir culto a los hechos del pasado que tienen trascendencia y significación; por esto son incapaces de combatir y crear nada grande para el futuro». Las dictaduras latinoamericanas comienzan en el siglo XIX. Se trata de una serie de acciones golpistas, que se dieron en la mayoría de estos países y que siguen históricamente la lucha por la libertad de los pueblos y la victoria gradual de la clase burguesa en contra del feudalismo aristocrático español.

Los recientes regímenes dictatoriales no están relacionados con la lucha de clases, o son mejor dicho antilucha de clases, tratan de sofocarla, están respaldadas por EE.UU. en la mayoría de los casos y, a través de estos, imponen su política. No es pues exagerado sostener que casi todos los regímenes dictatoriales que se han dado en estos países han tenido influencia decisiva del exterior. Podemos mencionar las armas norteamericanas que surtían al ejército durante la dictadura de Trujillo, pasando por los Golden Boys de Pinochet, o la escuela antiguerrilla Warfare en Panamá, así como el apoyo económico a los Contras (contrarrevolucionarios) en Nicaragua, llegando incluso a apoyar el derrocamiento y asesinato de Salvador Allende. EE.UU., sobre todo durante la «Guerra Fría», estaba abiertamente en contra de que se instalara un régimen comunista en el continente.

La política estadounidense no solo tiene una faceta política, también desempeña un papel importante en la economía, el continente americano es rico, sobre todo, en minerales y petróleo, y con mentalidad de colonizadores tratan de sacar el mejor provecho de esta riqueza, esté donde esté. Se crean monopolios que explotan desde el caucho de la Amazonia, pasando por las bananas y llegando hasta el petróleo. Debido a su poder económico EE.UU tenía y tiene la capacidad de invertir en toda Latinoamérica, a través de sus grandes monopolios empresariales, en diversos sectores de la economía.

Desde el punto de vista estratégico y geopolítico, sería más fácil explotar el petróleo de lo que éstos consideran «el patio trasero de su casa», y no depender del «oro negro» de los países árabes. Pero al encontrarse América Latina en su «hipogastrio blando», una competencia económica local podría verse como una amenaza política y económica grave para la bandera de las barras y las estrellas.

Los dictadores son figuras emblemáticas, concilian armoniosamente los elementos del jefe tribal y los del general europeo occidental. Se trata diríamos de una nueva forma de conquistadores con el poder casi metafísico de los jefes indios.

Tanto Gaspar Rodríguez de Francia en el Paraguay como Rafael Leónidas Trujillo en la República Dominicana, fueron jefes del ejército de sus países y le daban importancia relevante a la conservación y modernización de los mismos. El doctor Francia tenía siempre a su país en una especie de fiebre bélica, y mantenía preparada y lista una parte importante de su ejército y de su milicia, ambos muy bien armados, impuso el respeto a las figuras militares y los ciudadanos del país estaban obligados a saludar sacándose su sombrero frente a cada soldado que encontraran en la calle, los indios que no tenían la posibilidad económica de comprarse uno, debían usar solamente el ala del sombrero para poder rendirles los mismos honores. La presencia del ejército significaba la presencia del líder nacional y los honores debían rendirse de la misma manera.

Casi cien años después, el dictador Trujillo, modernizó el ejército con armas y con entrenamientos especiales por parte de los EE.UU., impuso el respeto a la figura del militar que era sinónimo de respeto al dictador. Consecuentemente, diríamos que el ejército constituye el soporte político más potente del dictador.

Los países latinoamericanos arrastran siglos de intentos del catolicismo español y, a pesar de su conquista, conserva hasta nuestros días los elementos de la cultura pagana. El elemento indio mantuvo profundamente sus raíces con su tierra y con sus principios. El dictador paraguayo aplicó una dura política unitaria que no excluía ninguno de los elementos (el de los indios del Paraguay y el hispánico que estaba en el país, o sea los criollos que tenían descendencia española pero nacieron en la América hispana, que no incluía a los españoles peninsulares), como la Iglesia Católica se oponía a su política, el dictador le limitó el poder económico y la nacionalizó como institución.

En cambio, Trujillo persiguió salvajemente a los haitianos y descendientes africanos que residían en el país, abrazando los principios de la Iglesia Católica y promoviendo el europeísmo. La Masacre del Perejil en 1937, tenía como objetivo la erradicación masiva de la población de origen haitiano que residía en el territorio dominicano, fueron asesinadas miles de personas.

El nombre de esta masacre se atribuye a que para identificar a los civiles haitianos entre la población dominicana, la policía exigía a sus potenciales víctimas pronunciar en español el nombre de la planta perejil. La lengua hablada por los haitianos no consideraba la pronunciación de la «r», y la policía tenía un método fácil para seleccionar a los haitianos para matarlos. El dictador Trujillo, no ignoró totalmente el elemento del dictador-jefe-tribal, cuidaba de incorporar muchas características de él, las cuales reforzaban su influencia sobre las masas populares, en sus discursos públicos utilizaba vestimenta con sus símbolos preferidos y le daba gran importancia a la poligamia y sus contactos sexuales.

En otros casos, conservaba el derecho a la Ius primae noctis que implementaron los feudales en Escocia. Este ritual, marca el poder del jefe tribal sobre los miembros de su tribu, y tiene la característica de otorgarle la prioridad al macho líder de la manada, en el primer apareamiento de la hembra. No es casual, además, el hecho de que la población local le otorgaba características sobrenaturales, que se asemejan con la del «mago doctor», creían que podía leer las mentes, hacer que lo aceptaran sin objeciones con una sola mirada que era irresistible.

La imagen del dictador latinoamericano toma prestados elementos de los dictadores-presidentes-generales de Europa y de los dictadores-jefes tribales de África, como el dios Jano de los romanos con sus dos caras y que aseguraba buenos finales, con una cara mira a África y toma de estos elementos que tienen que ver con la sexualidad, y con la otra cara toma de Europa el refinamiento de los dictadores europeos. El doctor Francia, toma de Europa el refinamiento y de África el concepto de jefe tribal y gobierna como tal en su país, considerándolo como a su propia tribu.

Lo de los buenos finales no se aplica para Trujillo, ya que murió por una ráfaga de disparos que acribilló el coche en el que viajaba. El final de su dictadura se caracterizó por una violencia exagerada, por la represión y los cruentos asesinatos. Aplicó la dieta preferida de los dictadores: pan y terror. Es un general burgués que se presenta con uniformes de tipo occidental, se deslumbra con la antigua historia egipcia e impuso el dicho en cada iglesia de su país: «Dios en el cielo, Trujillo en la Tierra».

También nos evoca a los africanos dictadores-jefes tribales que no se distanciaban mucho del pensamiento tradicional indígena, pues no es casual que a Trujillo sus más cercanos colaboradores y el pueblo le otorgara capacidades de chamán. La megalomanía del dictador se manifiesta en el cambio de nombre de la capital dominicana que de Santo Domingo pasó a llamarse «Ciudad Trujillo» de 1936 a 1961 en su honor y renombró a la montaña más alta de su país y del Caribe, de «Pico Duarte» pasó a llamarse «Pico Trujillo», puso su nombre a caminos, escuelas, aeropuerto, estadios, etc. Consignas se escribían en las paredes de casas y en las matrículas de los automóviles.

El arquetipo del dictador latinoamericano es un conglomerado de la rudeza tribal y el feudalismo europeo. Se comporta como si su pueblo fuera una tribu, las personas sus vasallos y el Estado un feudo propio.

(*) Rosario da Cunha nació en la zona de Cerro de la Aldea (Tacuarembó), actualmente reside en Atenas (Grecia) y se desempeña como traductora e intérprete de la Universidad Jónica de Corfú (Grecia).

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